Lamento
comunicaros una cosa, los bebés no nacen con un pan debajo del brazo, nacen con
un puzzle debajo del brazo. Lo sé, yo también
me sentí un poco decepcionado pero bueno son las consecuencias de
hacerse adulto, hay que desmitificar y asumir una serie de realidades aunque
sin matar nunca a ese niño que llevas dentro y que te mantiene vivo, con ganas
de experimentar, de dejarte llevar y de vivir sin más.
Yo lo llamo
el puzzle de la vida. Viene envuelto, precintado y muy bien protegido. Uno no
ve el momento de abrirlo para empezar a montarlo pero no es un puzzle
necesariamente fácil de armar. Uno abre la caja y se encuentra con un montón de
piezas de todos los tamaños, colores y formas posibles. Es cuando se dice:
“Pero cómo coño encajo todo esto?”.
De entrada
ves que hay unas piezas que están absolutamente fijas en la caja y que
difícilmente vas a poder desprenderte de ellas. Unas veces pensarás que son las
piezas más bonitas que te podrían haber tocado y en otras ocasiones te
limitarás a dejarlas en una esquina boca abajo porque sólo con verlas sabes que
va a ser complicado formar un puzzle perfecto, aunque piensas que lo acabarás
consiguiendo.
Pero como ya
he dicho antes, no es un puzzle fácil de construir, y además viene incompleto.
Día a día se va llenando de piezas
nuevas, la mayoría de ellas las desechamos porque es evidente que esas piezas
pertenecen a otro puzzle. Otras tratas de encajarlas de alguna forma, parecen
bonitas e incluso las pones como prioritarias durante algún tiempo. Porque
precisamente lo que buscamos es que el puzzle sea lo más bonito posible,
tratamos de que sea una obra de arte perfecta, un Van Gogh, un Velázquez o un
Miró, por qué no.
Nos pasamos
la vida recogiendo piezas, analizándolas, incorporándolas en el puzzle y
eliminándolas. Porque claro, es personalizable y no tenemos muy claro cómo
queremos que quede, o simplemente nos cansamos del cuadro que estamos creando
porque consideramos que puede estar todavía mejor y, hombre, "¿cómo voy a
conformarme con esto cuando estoy viendo el cuadro de mi vecina y es mucho más
bonito que el mío?" (o eso nos creemos, porque ella piensa absolutamente lo
mismo, que tu cuadro parece muchísimo más bonito que el suyo). “¡Mi puzzle
tiene que ser el mejor y ya no sólo para mí sino para todo el mundo! Que se
enteren de que tengo las mejores piezas y que están perfectamente encajadas”,
pero… ¿realmente lo están?.
Aquí viene
uno de los incontables errores que cometemos al ir construyendo el puzzle.
Resulta que ya no sólo lo construimos para nosotros, ¡lo construimos para el
resto de la humanidad!. A nosotros nos puede gustar más o menos, podemos
sentirnos mejor o peor con él pero tenemos que demostrar que es perfecto para
que nos envidien o simplemente para que no se piensen que estamos un tanto
perdidos y que ni siquiera nosotros estamos entendiendo porque el puzzle está
teniendo esa forma.
Luego vienen
los momentos dramáticos y son esos en los que te das cuenta de que hay piezas
maravillosas que has tenido en tus manos y que al final has acabado
prescindiendo de ellas porque ¡las estabas viendo del revés y no has podido
apreciar lo bonitas que eran! Entonces te planteas volver a buscarlas para
recuperarlas (con suerte todavía no están en otro puzzle), o bien las dejas
marchar por simple orgullo, ¿Será por piezas? (Otro error, algunas piezas son
únicas e insustituibles).
Y estas son
las piezas que más me interesan. Piezas genuinas, que le dan un color a tu
puzzle absolutamente maravilloso algunas veces pero, como son genuinas, van
cambiando y variando tu cuadro haciendo que descubras nuevas formas de belleza,
y muchas otras veces verás que esa pieza te lo está trastocando todo y que no
la quieres. Un día parece un cuadro de Sorolla y al día siguiente te encuentras
con una pintura rupestre. "Eso no lo podemos permitir, el cuadro tiene que ser
de una forma muy concreta y perfecto en todos los sentidos", bajo nuestro
criterio. Entonces terminamos prescindiendo de ellas, no sin cierto pesar, son
de esas piezas que te han hecho crecer,
vivir, experimentar nuevas sensaciones, planteamientos y emociones (no
necesariamente buenas siempre, a priori). Piezas que han dado un vuelco a todo
el puzzle y que te dejan absolutamente descolocado.
“¡Dios mío
yo tenía una visión de la vida y esta
pieza me lo está cuestionando todo. Esto está siendo demasiado para mí! Quiero
piezas más sencillas, que no me transforme el cuadro cada dos por tres sino que
me ayude a construir el cuadro perfecto que tengo en mi mente.”
Y, de
repente, llega el momento de la revelación, del drama que se acaba convirtiendo
en éxtasis. Resulta que un día te levantas y dices: “¡Joder, si el cuadro más
bonito no es el estéticamente perfecto ni el más aceptado por todos!” El cuadro
más bonito no tiene por qué tener armonía, al revés, es el puzzle lleno de
piezas genuinas, esas que un día te hacen un Renoir y al día siguiente un
Kandinsky, e incluso las dos cosas a la vez. Un puzzle lleno de piezas que no
encajan estéticamente entre sí pero que lo hacen perfecto, que te hacen
apreciar todos los estilos y todas las formas de vivir y sentir.
A algunos
les gustará como está quedando y otros te criticarán y te intentarán imponer su
canon de belleza. “El puzzle tiene que ser así, no trates de hacerlo diferente,
no juegues a ser trasgresor” Pero entiende que es tu puzzle, que son tus
piezas, que es tu vida y que tienes que crearla única y exclusivamente tú.
Busca esas
piezas genuinas, haz tu propia obra de arte y conviértete gracias a ella en una
persona única, que da amor, que valora todo lo que tiene porque su puzzle así
se lo ha enseñado. Conviértete en una persona entregada, inspiradora para los
demás. Una persona que piensa en el bien de todos, que no se centra en sí misma
sino en la felicidad de todos.
Conviértete en una pieza genuina para los diferentes puzzles en los que vas a
estar metido. Ayuda a que los puzzles de la gente también sean maravillosos.
Rescata esas
piezas genuinas que has tirado a la basura, replantéate tu propio puzzle,
valora nuevas formas de belleza y sobre todo, haz que tu puzzle sea tuyo, no
del resto de la humanidad.
Muchas
gracias a todas esas piezas que han ido pasando por mi vida porque me han hecho
ser quien soy. Trataré de rescatar alguna pieza perdida y valoraré a todas las
piezas genuinas que tengo en mi haber, que no son pocas.
¡Haz un gran
puzzle y se una gran pieza para otros puzzles. Se genuino!

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